Un Dragón Llamado Desilusión

“¿Quién pensaría que así terminaría?” con exaltación, con sonrisas, al fin felicidad.

“Felices, viviendo, hasta que el fin nos agarre” dije.

Sentada allí, en clase escuchando al profesor hablar y hablar, sobre cosas que pasaron, pasan, y pasarían, me preguntaba sobre la existencia de todos (existencia es estar en el mundo, pero ¿por qué?, ¿para qué? Y ¿con quién?). Vinimos, nos sumergimos, nacimos, y respiramos en un mundo con millones de contradicciones, problemas nacionales e internacionales, problemas de quien ser o no ser, problemas existenciales, problemas irracionales y racionales, y demás; pero mi pregunta sigue en pie ¿por qué?

Caminando por los pasillos largos, viendo el reloj y esperando que el tiempo pasara rápido (pensar y esperar que el tiempo pase rápido es irracional, el tiempo dura siempre lo mismo, y por más que esperemos, estemos extremadamente aburridos, pasará igual el tiempo, a su ritmo). Me topé con una nota, una nota de amor que decía:

“Si sólo supieses, que cuando entras al salón busco donde esconderme; que pienso y pienso en creer en el amor, pero me contradigo; ¿por qué caer, enamorarse, si todo, absolutamente todo en este mundo tiene su fin? Luego te veo y recuerdo, que me enamoro por ciertas razones: por esa sonrisa, por ese amor que no existe pero imagino, por solo estarlo, y por soñar estar contigo. Escribo y me pregunto, para qué escribir esto, ¿por qué será que cada vez que te veo y quiero decírtelo no puedo, y solo escribo y escribo para tirar la misma nota al piso?”

Al leer esto pensé y me pregunté ¿los cuentos que nos enseñan de chiquitas, donde las princesas existen y el príncipe llega en su corcel blanco y les declaran su amor sin fin, serán verdad?

Comiendo me dí cuenta que sí existe, ese príncipe en corcel blanco, que leemos de niñas, me dí cuenta. Me senté con gente nueva en el almuerzo y ahí lo noté, noté que cuando habla más nada se escucha, que al pedir un favor era un deber, que todo en el mundo tiene respuesta. ¿Por qué existimos? Existimos no por accidentes, ni por planes de vida, ni por los demás, existimos por esa persona, existo por mi príncipe. Pasaron los días y cada día era como el primero. Como si todo hubiese estado escrito “érase una vez… vivieron felices y juntos por siempre”.  Solo habíamos cruzado menos de diez palabras, menos de diez fue suficiente, perfecto, justo.

– ¿Cómo te llamas? dijo él

– Adela, ¿y tú?

– Paul.

Pasó una semana y decidí sentarme con él a hablar, conocerlo… ese día, justo en ese día noté que algo andaba mal con él, y pasó así que hablamos.

– Hola, ¿y esa cara larga? le dije.

– Cosas que pasan, no quiero aburrirte son solo eventos que ya pasaron y quedaran en el olvido.

– Y, ¿Si te digo que a mí me importas?

– ¿Segura?

-Muy segura

– Pues todo anda bien, tengo buenas notas, excelentes amigos, mil historias graciosas que contar, cosas impresionantes y memorables como todos tenemos en nuestras vidas. Pero a veces hay días en que te enteras que no todo puede ser así. No todo puede pasar perfectamente acorde al plan, siendo humano no seguir el plan es parte del plan.

– Todos cometemos errores, son solo cosas que pasan, aprendemos a no volver hacerlas y seguir.

– No todo es así, no todo es tú culpa, no siempre puedes ser tú el causante de los desastres. Hay ocasiones, en las cuales el mundo se cae sobre ti sin darte cuenta, te destroza, y no puedes hacer absolutamente nada.

– A ver ¿y si me das un ejemplo?

– Pues ¿si tu hermana se muere?

– ¿Te ha pasado?

– No, soy hijo único pero, es un ejemplo ¿o no?

– Sí lo es, pero no te ha pasado no sabes que es en realidad que el mundo caiga sobre ti sin poder hacer nada.

– Pues si lo sé, solo que, apenas nos conocemos.

– A veces a primera vista todo es más fácil.

– A veces, pero no todas. Y si solo te digo que, nada pasó, solo perdí.

– ¿Qué perdiste?

– Me perdí en el camino creyendo que el amor existe, no es así, no hay princesa que rescatar, ni un dragón feroz. Ninguna princesa que me haga creer aunque quiera creer.

– ¿Qué pasa si existe princesa que quiere que tú la rescates?

– Pues, no pasará, llegará el siguiente príncipe y lo hará. Igual, no importa.

– Me debo ir

– Hasta luego, gracias por escucharme.

Vuelvo a la misma pregunta de siempre, cuestiono mi existencia, y ahora el amor. Dudo que solo estemos aquí por estar de visitas, por vivir, por deber. Ser estúpida a veces me parece la razón de muchas cosas las cuales cuestiono. El amor es algo, que uno siente, pero la línea entre odiar y amar es muy fina y se cruza día a día. Cuando amas a alguien das lo que sea por esa persona (o por lo menos eso he oído), cuando odias a una persona das lo que sea por esa persona ( das lo que sea por ver a esa persona y gritarle en la cara, hacerlos oír lo que más nadie les dicen), en el amor se siente desespero, en el odio igual, el amor es dos al igual que el odio, el amor y el odio te hierven la sangre, hace que el corazón palpite mas rápido de lo normal, las miradas ocurren en el amor y en el odio (en el amor no pasas ni un minuto sin mirar al igual que en el odio), entonces ¿cuál es la diferencia? La diferencia es, que en el amor das cualquier cosa por ver a esa persona y solo estar a su lado, en odio das lo que sea por que esa persona se encuentre lejos o cerca y hacerlos pasar un mal rato, en el amor aprendes a querer y dejar de ver imperfecciones (cada imperfección se vuelve cualidad), con el odio cada imperfección crece. De amar a alguien, pasas en segundos a odiarlos, a odiarte a ti misma. He logrado odiarme por ver lo que horas antes no veía en él, lo odio por perder las ilusiones antes de conocer a su princesa, lo perdí.

Luego de unos días, de algunas miradas raras en los pasillos, seguía recibiendo la misma nota, pero con la diferencia que ahora la leía y la tiraba en la basura. ¿Cómo se sentirá esta persona que escribe lo mismo, se lo memoriza, siempre siente lo mismo? ¿Será que pierde fe en que algo pasará al fin? ¿Quién será?

Esa última pregunta me taladraba, me confundía, me llenaba de mil razones, me daba mil sueños, mil ideas, pienso y pienso pero nadie parece dar esas miradas que hablan. Nadie parece tratar de esconderse cuando alguien camina a su lado, a nadie le parece importar la existencia de nadie que los rodea, son ciegos de todos sus sentidos, pero ¿quién sufre? Quien escribe lo mismo siempre, y quien sufre por la misma persona, a esta persona lo/la admiro.

Pasaron dos semanas y cada día la misma nota aparecía en su mismo lugar. Pensaba si era apropósito, o si simplemente se inspiraba siempre y se dedicaba a escribir la misma nota. Decidí responderle con una nota, le escribí “Si ella lo supiese, sabría que hay un príncipe y que ella es su damisela en peligro”.

Sorprendentemente esa persona dejó una nota diferente para mí esta vez. La nota decía “Pero yo ya no creo, sé que todo tiene fin, no quiero creer, no quiero estar necesitándola, no quiero. Pero no hayo forma de cumplirme, de cumplir con que el amor es una fantasía, ciencia ficción, aparentemente lo más cerca de la magia que los seres humanos tenemos, pero aún así la idea del final me asusta. Me llena los huesos de frío, pienso en todos los errores posibles, pero trato y trato y cada imperfección solo son cualidades. Si pudiese la odiase pero no puedo”

Por una semanas seguimos dándonos notas, uno al otro sin saber quien era quien. Yo sabía todo sobre su amor, sobre sus deseos y temores, y él de mí, pero aún así no sabía, no podía averiguar quien era. Decidí escribirle “Me conoces toda por dentro y yo a ti, sé tu más grande temor hasta tu más grande hazaña, pero no sé tu nombre”. Él me respondió “Una voz sin nombre, sentimientos sin persona, ¿por qué habría de delatarme?”. Me encantó su respuesta, el sentimiento de misterio que me daba, poco a poco me fui olvidando de Paul y solo pensaba en la nota del día siguiente.  Por fin llegamos a un acuerdo en la forma de cómo conocernos, ¡adivinanzas! En su descripción  puso “Mi nombre no es común, casi nadie me conoce, me siento en la mesa anaranjada de la cantina del lado derecho hacia la esquina”. Pensé y pensé, pero no encontraba quién podía ser, ni siquiera sabiendo dónde se sentaba sabía quien era. Yo le escribí a él, decidí tener un poco de valentía “Soy una damisela esperando que su príncipe se dé cuenta que todo es verdad, que magia se escribe a-m-o-r, que nada se ha perdido aunque todo parezca inútil”.

Pasó lo impensable, Paul me pidió salir, como amigos, con todos sus amigos a comer helados el fin de semana. Comiendo helados empezamos a hablar, le pregunté ¿cómo sigue todo, las esperanzas y rendirse? A lo cual él me respondió “Ya sé que mi damisela quiere ser rescatada, y ahora mismo su caballero en corcel blanco va en camino”. Me quedé en blanco. ¿Se refería a mí? ¿Era él el de la nota? ¿Lo habrá planeado todo? Me quería arrojar a sus brazos pero pensé que tal vez no era yo, paso un rato de silencio, sus amigos no entendían, en mi mente había una fiesta. Le pregunte quién era, y lo dijo así, como si nada, como la palabra más fácil de decir, sin dudar, sin tomar aire, lo dijo. Lo dijo con tono de primera vez, con dulzura, con mirada de fascinación por el color de mis ojos, con la boca manchada de chocolate del helado, lo dijo como si nada pero al mismo instante como todo lo que tenía que decir, todo lo que siempre quiso, simplemente dijo “Tú”. El helado me chorreaba en la mano y se metía por debajo de mi brazo, manchaba mis pantalones, pero por un instante era sólo el “Tú” y yo, sólo él y yo, sólo su voz, sólo esa sensación de que todo es verdad. No tuve respuesta no podía reaccionar, no pude modular, pensar, procesar que en serio cosas así pasan en la realidad, que no todo es un fracaso, que la caballería todavía existe. Me paré y marché a casa sin decir ni una palabra. A penas llegué  casa escribí nuestra última nota:

“Ese “tú” esa palabra era la que menos esperaba escuchar, con ese tono, y esa despreocupación preocupante. No pude modular, reaccionar, pensar, en blanco todo se me quedó. Supongo que en tu cuento de hadas la damisela corría y te abrazaba, pero la realidad es que la damisela que sufrió por ti, por pensar que solo te habías rendido y hasta allí quedó todo; se derritió cuando dijiste eso. Pensó en decir que no, decir que no después de tal acto de valentía no era justo, poco de damisela, pero también pensó ¿y si el príncipe se rinde por la mitad? ¿Y si no está ocurriendo? ¿Existen los “y vivieron felices por siempre”? Ese “tú” me volteó el mundo, me giró la cabeza, me puso a dudar, contradecir, pensar, sudar, amar, odiar, confundir, y demás. En fin, decidí que aunque todo tiene su fin, absolutamente todo, que aún sabiendo que uno nace solo y muere solo, decido vivir por primera vez. Por primera vez vivir sin esperar y adelantar el fin, solo saber que existe, solo estar contigo, solo ser rescatada del horrible dragón llamado desilusión, decido “vivir.”

Al día siguiente le dejé la nota, pasó la semana y no sabía nada de él. Llegó el jueves, y lo supe cuando me miró con una son risa que gritaba al fin, con un silencio que cantaba.

“¿Quién pensaría que así terminaría?” con exaltación, con sonrisas, al fin felicidad.

“Felices, viviendo, hasta que el fin nos agarre” dije.

Escrito por: Agatha Hidalgo 

Fotografía: Paula Trepat 

 

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